"Debía estar perdidamente enamorado de... Toyota."

20070318003245-zueri1543393.jpgOh destino cruel, has arrancado el corazón de las visiones, la percepción de las gloriosas apariciones, que ahora sólo las sentimos a muy lejana distancia. Es el síndrome del miembro ausente, que cuando se quita, aún parece que sigue ahí, porque es lo que se desea. No se acepta su pérdida, es imposible, parecía que siempre estaría en su sitio. Pero dicen que se había gangrenado, que sería peor haberlo dejado. ¿Por qué? Era adorado y tan perfecto e inocente. Bastaba un gesto para estar en el cielo, y algo que es capaz de hacer eso se merece una ovación. Zürich o Zuerich. Dos ciudades tan distintas y que sin embargo son la misma. Zürich, su parte formal, germana, lluviosa o nevada, puntual, elegante a la par que funcional, siempre precisa, histórica, equilibrada, de colores fríos y acogedores, pero también oscuros, era la cara modélica de Suiza. Y cómo olvidar a Zuerich, más internacional, soleada, animada, amena, colorida, rápida, variada, que dejaba una sonrisa con sólo una centésima de segundo, fácil de reconocer, con luz reveladora de imágenes paradisiacas, que hacían preguntarse para qué querer la Costa Azul (Côte d'Azur) teniendo a la Suiza astral con gafas de sol y un mojito en la mano. Las dos capitales financieras de Suiza se marchan para siempre, y han dejado un rastro de más de 300 capturas, 20 recuerdos inolvidables y 5 momentos irrepetibles. Aquellos viandantes que saludaban espontáneamente al Gran Hermano con el móvil en la palma, aquellas imperdonables infracciones de tráfico al cambiar de sentido más de 2 veces por culpa de una indecisión, aquellos tranvías arrolladores que no se dejaban intimidar ni por el mayor de los Cayenne, aquellos cisnes hieráticos guerreros que no se inmutaban ni cuando la temperatura bajaba de cero grados, aquellas tertulias cotidianas de los taxistas en los capós de los Camry y clase S en frente de la terraza del bar, aquellas eficientes reformas en las entrañas de la ciudad que cortaban la calle en un período récord, aquellos atascos inexplicables que se conformaban en partidas de Tetris para hacerse un hueco cuando viniera el tranvía, aquellos maratonianos fortuitos que preferían el transporte público que fomenta el ayuntamiento para que siga vigente su título de ciudad con mejor calidad de vida del planeta o aquellos conductores valientes que se adentraban en el peligroso mundo de las vías del tranvía, ya fueran propietarios de un Corsa con un maletín o una ambulancia Volkswagen con un herido de urgencia. No puedo olvidarme de los que ya eran vecinos de la cantidad de veces que pasaban por delante del objeto divino: un saludo al Quattroporte V gris, un abrazo al Diablo VT rojo, un achuchón al 575M Maranello gris, un apretón de manos al Exige II verde, un guiño al E-Type Cabriolet rojo, un beso al Vanquish negro y una palmadita en la espalda al Continental GT gris. Un aplauso muy fuerte también al equipo de BMW M, a todos los Audi S y RS que nos han acompañado, a la inmensa población de Porsche 911 de todas las generaciones, al grupo estrella de Mustang, Corvette y Viper que no dudaron en visitar la plaza, a los fantásticos Mercedes-Benz AMG que nos proponían un desafío en cada ocasión, a los Maserati Coupé/Spyder/3200 GT que deambulaban cual elemento terciario de un óleo, al Maybach 57 verde (un trofeo para él), al Phantom VII burdeos (inmensa presencia), al Murciélago naranja (como una bala), al DB2/4 MkI (una porción de Gran Bretaña en un paso de cebra) o al Shelby GT 500 nuevo azul (posiblemente la única oportunidad de ver un ejemplar en Europa de una manera tan sencilla). Dejo a muchísimas otras apariciones estelares, pero tras dos años y medio, la tercera temporada de la serie "CSI: Zürich" debe finalizar. ¿Por qué? Porque los testigos de los casos afirmaban que la serie violaba los derechos de las víctimas de cada capítulo. Una lástima, no se pueden ver estos ejemplares en todas partes, y con una fiabilidad tan grande. Ahora el ojo que todo lo ve se quedará tuerto, y se mudará al tejado de una Univesidad de Zürich. A quien le gusten las nubes, que no se lo piense dos veces, ya que verá más que en una pista de aterrizaje. En el caso de los nostálgicos, no nos compensa. Auf Wiedersehen, Zürich, du immer wirst darin unsere andenken aufhalten !
 
18/03/2007 00:32 Autor: coopey. Enlace permanente.

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