"Tienes que saber una cosa: estoy mal de la cabeza"
Las vacaciones están terminando para los coleguillas de Upper East Side, y aunque el verano empezó con situaciones nada usuales juntando piezas que no podían encajar, al final, la mayoría han vuelto por inercia a su sitio. Y es que ni siquiera su altanería y arrogancia que intentaban engañar a sus sentimientos han sido suficientes. Bueno, menos en un caso, pero es porque Nathan Archibald no tiene remedio, qué se le va a hacer.

Llora como un nene Chuck, lo que no has sabido decirle a Blair como un hombre. Yo... yo... yo... Típico del señor Bass, pero irónicamente también es a lo que nos ha acostumbrado la señorita Waldorf, quien para su deleite personal, ha utilizado a un novio que le presentaron durante sus vacaciones en la Toscana para darle celos a Chuck. ¿Seis idiomas? ¿Te regala colgantes de Bulgari? No finjas lo evidente Blair, sigues queriendo a Chuck a pesar de que te dejó plantada en Italia, y por eso le has pedido que te diga las ocho letras mágicas distribuidas en tres frases cuyo significado haría que te rindieras ante sus pies y perdonaras todos sus pecadillos. Pero no, Chuck, en su línea, no ha sido capaz de sacar de su agujero con dientes que tiene en la cara que la quiere. ¡Ayudémosle todos! Blair: t-e q-u-i-e-r-o. No era tan difícil, menos para Chuck. Tú te lo pierdes. Sólo te queda ver cómo tu perdido amor se va en un flamante Jaguar XK-E rojo de los sesenta junto a su nuevo descubrimiento, y es que su extremadamente aburrido novio postizo James, es en realidad un Lord inglés de ésos que vayan por donde vayan, la gente se arrodilla ante su presencia. Y encima su acento británico provoca que Blair vaya dejando un reguero de babas detrás suyo. Supera eso, Bass.

Menos mal que hay un final feliz. Nate con Serena... pues va a ser que no. No pegaban ni con cola. Sí, se lo tiró cuando salía con Blair, pero de eso hace ya más de dos años, eran jóvenes y con dinero. Aunque ahora también.... La cuestión es que si el paripé de Serena para ocultar que ahora Nate es el toy-boy de una ricachona no se lo creía ni su abuela, lo de que el mismo Dan Humphrey tan humilde y modosito se convirtiera en un par de meses en un playboy que da un chasquido y le salen tías debajo de las piedras tampoco era muy realista. Por cierto, ¿qué fue de Vanessa? Dan ahora está escribiendo un cuento, o artículo, u obra de teatro, una cursilada que era incapaz de empezar siquiera porque había algo que le nublaba la mente. Y el tío no sabía qué era. O es muy tonto, o ha visto demasiada televisión. Serena, por supuesto, ninguno de los dos tortolitos de la serie había superado la ruptura. Ella, por su parte, intentó ligar con el vigilante de la playa en Hampton, pero es que como no se parecía un pelo a Dan, prefirió dejarlo en una locura veraniega y a los dos minutos si lo había visto no se acordaba. Afortunadamente para Van der Woodsen, Dan tuvo la genial idea de ir a reencontrarse con ella a Hampton, y tras haberse tirado los trastos a la cabeza cuando Humphrey la vio besándose con Nate para poner celosa a su nueva chica, bueno, mujer, y posteriormente decirse pues lo siento te lo explico y todos esos rollos, se besaron y todo volvió a su cauce. Ves, éstos lo hacen mejor que Blair y Chuck, porque hacen cosas, no se quedan en un quiero y no puedo. Dan llegó a Hampton con intención de recuperar amistades, y si le sonreía la suerte, ver otra vez los fuegos artificiales. Gracias a la ayuda del destino o de los guionistas, la metáfora se hizo realidad y Dan y Serena vuelven juntos. Tendremos moñerías para rato esta temporada, televidentes.